Alma Runner

Traslado del blog antiguo al nuevo un post que escribí hace casi un año, de un evento en el que nos lo pasamos como enanos.

Publicado el 10 de Junio de 2015:

Llevo un retraso con los post muy serio. Los voy escribiendo a mano en ratos muertos y luego no encuentro el momento de pasarlos al ordenador. El caso es que hoy vengo a hablaros del entrenamiento que hicimos con Alma (¡sí, la de los cupcakes!).

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No siempre es bonito.

     Llevo tiempo queriendo escribir esta entrada aún a sabiendas de que no me iba a resultar fácil abrirme tanto, pero no quería hacerlo hasta que me volviera a ver bien. Porque además, ni siquiera yo tenía claro que volvería a ver la luz. Siento que no estoy al 100%, pero empiezo a asomar la cabeza. Casi nadie te habla de eso, vivimos en un mundo invadido por las redes sociales, en el que parece que tenemos que esforzarnos en dar buena cara al mundo y de hacer parecer que nuestra vida es maravillosa, que salimos a entrenar con una sonrisa de oreja a oreja, haga frío, llueva o truene y de que conseguimos todos los retos que nos proponemos. Es más, parece que ni sudamos al correr. Reconozco que a mi me pasa, me gusta que la gente vea todo lo bueno que me da el correr. Pero la realidad no siempre es así.

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Último entreno antes de la MUT

     Por aquí no os lo he contado, pero a más de uno os he dado la brasa con nuestra próxima aventura. Nada más acabar el Guerrero de Gredos nos apuntamos al MUT (Madrid Ultra Trail) en su versión Beginners, esto es, 21km con un desnivel de 1200m. Decidí que ese romanticismo que le guardaba a la media maratón para hacerla sobre asfalto no era tan romántico como hacerlo donde a mi más me gusta, en la montaña. Así que por mi parte ya he empezado a hacer mis listas, de las cosas que tenemos que llevar, de lo que hay que hacer allí, todo el menú de lo que vamos a comer a lo largo de esta semana…

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Weekly Report 6 y 7

     La semana pasada no pude escribir, mi vida últimamente es un caos. Tanto, que solo me dio para correr un día y además, después de la carrera de Ponle Freno, me costó un montón el día que salí. La respiración y yo éramos entes condenados a no entenderse. Qué asfixia, qué agobio y… qué dolor de ovarios. Mi intención no era más que hacer 5 km, pero al segundo km ya tenía claro que aunque quisiera, no iba a poder hacer más. Al menos, conseguí acabar sin pararme y a un ritmo decente de 6:43. Pero no disfruté nada, es de esas veces que te preguntas qué motivación vas a encontrar para volver a calzarte las zapatillas.

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