Cross Nocturno de Navacerrada

Hay carreras que enamoran, que te llegan al corazón. Y ésta es una de ellas. No es que me ponga moñas porque sí, es que esta carrera lo merece.

El año pasado nos quedamos sin dorsal, así que esta vez fuimos de los primeros en inscribirnos. El cross se celebra como telonero de las dos grandes pruebas de trail de Madrid, el Gran Trail de Peñalara de 114km y su hermana “pequeña”, de 60km. El cross es una gran carrera para estrenarse en el mundo del trail, ya que es una distancia corta (no alcanza los 12km) y con un desnivel positivo de 480m más que asequible. El terreno no es complejo, aunque en algunos puntos se hace más que recomendable llevar zapatillas con buen agarre.

El recorrido en sí es una maravilla. La salida desde el paseo de los Españoles, en pleno centro de Navacerrada, te sumerge de golpe en el gran ambiente del GTP. Porque ese es uno de los grandes alicientes de esta carrera, el ambientazo que te encuentras. TODO el pueblo, la familia y amigos de los valientes que van a las pruebas mayores, se echan a la calle para animar. Se nos pusieron los pelos de punta al atravesar el pasillo de gente nada más salir y no os exagero al deciros que no se me quitó la sonrisa durante un buen rato.

Los primeros kms son emocionantes, es un tramo rápido, aún no se ha estirado la carrera y vamos todos juntos hablando y riendo. Aún es de día y no hace falta ni mirar al suelo. Se llega al primer cuello de botella, una puerta donde pasamos con cuentagotas. Si hay algún punto negativo en la carrera es este, hay varias puertas que te cortan el ritmo, esto es trail y forma parte de ello, pero encontrarlo tan al principio hace que se forme una buena montonera. Aún así impera el buen rollo, mucha gente charlando con desconocidos. También nos encontramos con un trecho de asfalto sobre la presa de Navacerrada, donde ya empezamos a notar como va oscureciéndo.

Y de repente, en el km 4… ¡sorpresa! La primera subida fuerte. Aún así se deja correr entera, siempre y cuando, claro, no te de asma como a mí. Aguanté casi hasta el final, que tuve que echar a andar. ¡Pero por poco tiempo! Porque después de una subida siempre hay una bajada. Y la que venía ahora era facilita, pero por una trialera estrechita en la que no podías perder de vista el suelo ni un segundo. Aquí es donde yo lo veo todo rojo, no lo puedo evitar y acelero dando saltos y gritos de alegría de piedra en piedra.  No conozco mejor sensación, al anochecer, aunque seas una tortuguita como yo, parece que vuelas. No hay miedo, no hay preocupaciones, solo el viento en la cara y concentración en donde pones cada pie. Aún me falta mucha técnica por coger, pero hay momentos en los que parece que fluyes con el terreno, como si fueras un río. Y eso, amigos míos te recarga las pilas a tope.

Y nos iba a hacer falta. Unos metros más abajo empecé a escuchar los gritos de dos voluntarios para que frenase. Cuando vas a tumba abierta es un poco difícil parar la máquina, así que poco faltó para que me comiera el murete. Esperé un poco para reagruparme con Víctor e Isa y empezar juntos la mayor subida de toda la carrera, si no me equivoco, Peña del Sol. Aquí toca echar manos a los cuádriceps, ya que en algo menos de medio km se ascienden alrededor de 300m. Pero sin duda te encuentras con uno de los mayores regalos de la carrera, echar la vista atrás y ver la serpiente de frontales que te persigue, mientras se cierra la noche.

A partir de aquí ya está casi todo el pescao vendido, comenzamos la bajada hacia Navacerrada, tres kms donde volver a oxigenar las piernas. Nos lo tomamos con más calma, pues ya no se veía nada e Isa no llevaba zapatillas con buen agarre. Llegando al pueblo el recorrido engaña, porque parece que enfilas ya la calle hacia meta, pero… ¡no! Aún quedaba un kilómetro más y una parte superdivertida de tablones junto a la orilla del embalse, que al entrar en resonancia con la gente que iba delante te lanzaban hacia arriba. Me doy cuenta de que yo soy feliz con poco, ahí me lo pasé como una enana y no paraba de reírme. Y ya por fin enfilamos hacia la calle de meta, esta vez de subida (muy subida), y volvemos a encontrarnos con el pasillo de gente, gritando y animando. ¡Imposible no entrar emocionada!

Así que como siempre, ronda de agradecimientos:

-Tengo que empezar por la gente animando, ¡que ambientazo! Da gusto sentirse tan arropada. Además, hicimos tiempo para ver la salida de los valientes de la de 114km y poder formar parte de esa marea de gente apoyando. ¡Lo recuerdo y todavía se me ponen los pelos de punta!

-A Isa porque fue quien me descubrió esta carrera el año pasado. Y por supuesto a Álvaro y a todo el equipo de voluntarios. ¡Qué grandes! ¡Qué manera de animar! Merito enorme para los que también se quedaron en las pruebas largas, dando aliento a los campeones del fin de semana.

-A la organización. Chapeau! De diez, de verdad. Voluntarios en todas partes, camiseta chula, buen avituallamiento de meta y también agua a mitad de carrera. Un recorrido precioso donde los haya y asequible, con solo una subida hachazo. Un precio más que ajustado. La bolsa… pues escueta, a Víctor le cayeron gominolas, pero ni Isa ni yo tuvimos tanta suerte.

-A los Drinking Runners, por estar una vez más recogiendo #KmsXalimentos, y animando durante todo el sábado. Mención especial a Basalo y su gran gesta.

Cómo me gustaría correr algún día el GTP…

¡Gracias por leerme!

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