Maratón de Madrid 2017: El primero

¡Hola! Ya se que voy tarde, pero llevo unas semanas de locura, y también rumiando qué os quiero contar sobre mi primera maratón. La gran mayoría ya sabéis que lo acabé, porque en redes me he encargado de daros la tabarra lo suficiente. Supongo que si algo os puede interesar de esta aventura es saber qué supuso para una NeoRunner como yo.

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Empezaré por el final. Concretamente a 1km y 195m de la meta. Llevaba ya varios km en los que cada tanto tenía que parar a andar, aunque no pensé ni por un segundo en que no llegaría. Los kms hay que tramitarlos de uno en uno. Pero para entonces ya empezaba a hipar. ¡Qué tontería, iba a llorar al final! Diez minutos. ¿En llegar? No. Diez minutos tuve esperando al chico que hace las fotos en meta porque no era capaz de parar de llorar. Y ahora que ya sabéis que terminé, y como no creo que os apetezca escuchar una sucesión de desgracias por km, prefiero contaros una sucesión de alegrías por km.

Km 0: Agus.

CapturaUn cacho enoooorme de esta maratón es suya. Desde siempre tuve claro que el día que preparase un maratón, sería él quien me entrenaría. No sabría explicaros qué tiene, pero ha hecho una familia en los Tigers y no conozco a nadie que no le venere. La energía que desprende, la capacidad para hacer sentir especial por igual al que vuela como a la tortuga del grupo, la confianza que transmite (jamás se me pasó por la cabeza abandonar ni antes ni durante), el compromiso que coges para no saltarte un entreno… Un tipo que se hace querer muchísimo.

Km 1: Ángel (@contadordekms).

No le vi nada más que al comienzo de la carrera, pero hizo un trabajo enorme aquel día. Primero hizo de liebre a su hermana en su primera media maratón. Luego se dio la vuelta y armado hasta los dientes de sales, geles, réflex… fue echando una mano al resto de corredores. Es el ángel de la maratón. Menos mal que no me lo encontré, ¡me hubiera tenido que llevar a lomos del tractor!

Km 15: Isa y Álvaro.

CapturaEn este km nos separamos,  nos habían acompañado desde la salida y consiguieron que esos 15 km nos pasaran como si no lleváramos más de diez minutos corriendo. Eso nos vino de maravilla mentalmente.

Km 19: Gente animando.

Sol. Madre mía Sol, estaba hasta arriba, desde Gran Vía yo ya iba alucinando con la cantidad de gente. De repente sentí una ligereza en las piernas que parecía magia. Una pasada.

Km 20: Tigers.

Nuestra familia en zapatillas. A medida que nos acercábamos al Palacio Real nos iba subiendo un cosquilleo por las piernas porque sabíamos que nos los encontraríamos allí. ¡Qué grandes son! Un montón de tigres en varios puntos animándonos como si no hubiera un mañana. Hacen que luzca con orgullo mi camiseta. Mención especial para mi querido Torrezno Team, y aún más especial para Luis, compañero infatigable de entrenos, ¡no se qué hubiera sido de mí sin tí!

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Km 22: Papá.

Entre Víctor y él hicieron que me picara el gusanillo del running. A pesar de que dijo que el iría a su ritmo, nos aguantó hasta el 22, y aunque al final no pudimos entrar en meta juntos, para mí fue muy especial llevarle a mi lado pasada la media maratón. Después fui toda la carrera preguntándome cómo le iría, pero estaba segura de que la acabaría, porque a cabezonería no le gana nadie. ¡Y vaya si lo hizo!

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Km 32: Héctor de InstaRunners.

Aquí ya empezaba a ir tocada, así que ver una cara amiga, de un tío que además es un buen referente de la distancia y de pasarlo bien corriendo fue un empujón. Él no lo sabe, pero el día que le conocí fue el primero que entrenaba con más gente y fue una experiencia muy chula. Las cuestas que nos clavó aquel día no lo fueron tanto.

Km 33: Sergio y Sory.

¡La sorpresa! Pensaba que estarían en Casa de Campo, pero no les vimos. Y un poquito  sí que me apenó. Aunque todo sea dicho, el mero hecho de pensar que estaban por ahí hicieron que me esforzara por pasar el tramo de Casa de Campo lo más dignamente posible (aunque fracasara estrepitosamente). Por eso, encontrárnoslos en mitad de la nada, en un sitio donde había muy poca animación… fue tremendo. A estas alturas yo necesitaba cualquier aliento, y el suyo fue súper importante.

Km 39: Drinking Runners y el gran Jorge Depe.

Pongo el 39 porque es ahí donde fueron vitales, pero estuvimos viendo al Pompon Team a lo largo de toda la carrera. Son geniales, ellos y la labor que hacen. Grandísimo Jorge Depe a los mandos del megáfono, en la foto parece que voy fresca cual lechuga, pero el mérito de esa sonrisa se lo debo a él y a ese pasillito de camisetas cerveceras que tenían montado. Por poner un pero, no pude seguirle el ritmo a Pablo, pero habrá otras, éste no se libra de compartir km conmigo, te lo digo yo.

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Km 42: Yo misma.

¿Y por qué no? Me llevé hasta ese lugar donde sabía que pasara lo que pasase la medalla se iba conmigo a casa.  Estaba agotada, con dolores en las piernas, con la vista borrosa y con unas ganas de llorar tremendas. Pero a la vez tan feliz y dispuesta a disfrutar cada centímetro que me quedaba. Atrás quedaban entrenos con frío, lluvia, de noche, sacrificios a la hora de los caprichos para comer, horas del día absorbidas por los entrenamientos… Y todo para entrar en el Retiro con 42 km en las piernas. ¿Mereció la pena? Ya lo creo que sí. Ahora miro el Paseo de Coches con otros ojos y con un cariño especial.

Km 42’195: Familia

Sin ellos no sé si hubiera sido imposible, pero desde luego habría sido mil veces más dificil. Otro trozo muuuuy grande de medalla es suyo. Mi madre, mi tí-Mari y mi hermano estuvieron en nada menos que seis puntos de la carrera, con comida, agua y reflex en ristre. Y globos y pancartas y dándolo todo a gritos. Cómo será que un montón de Tigers me hablaron de ellas y de lo bien que les vino verlas. Con deciros que anduvieron 21km de un lado para otro… Mentalmente dividí la distancia por los km en los que sabía que estarían, así que lo único que tuve que hacer en la carrera era ir a su encuentro cada vez. Estaban ahí, y saberlo era más que suficiente para tirar. Y cómo no, Mari Ángeles, la madre de Víctor, con su trombo y todo, que se lanzó a correr unos metros con nosotros. Para ella era un esfuerzo enorme estar ahí, y no faltó, acompañada por supuesto de la tía Paloma.

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Todos los km de mi vida: Víctor

Una aventura más juntos, y al igual que en la vida, no se separó de mí, me animó, me ayudó y cuando hubo que hacerlo tiró de mí. Él no falla nunca y yo no podría desear mejor compañero. ¡Te quiero!Captura

¡Hay que ver lo que cunden 42 km! Creo que jamás correré una carrera en la que me sienta tan arropada. Tenía la sensación constante de que a cada paso me iba a encontrar a alguien conocido, y eso… eso no tiene precio. Por eso quería dedicar el post a todos aquellos que contribuyeron a que cumpliéramos un sueño, uno más en nuestro camino. Así que sólo puedo acabar así:

GRACIAS, GRACIAS Y GRACIAS.

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