Maratón: Semana 3

Vamos comiendo kilómetros.

El lunes para descansar (¡quién me lo iba a decir hace un par de meses!) hicimos 10km, suuuuper tranquilos. La idea era soltar piernas después de la paliza del domingo. Es el primer día que de verdad me pesan las piernas, así que fuimos de cháchara todo el rato. Después de acabar con unos progresivos me sentía mucho mejor. ¿El pie? Molestias sólo.

El maratón es cuidarse a nivel global. Si la semana pasada iba al fisio, esta tocaba pasar revista a los dientes. Lo último que quiero es arruinar los entrenos o peor aún, la carrera por un dolor de muelas. Además, hacía demasiado tiempo que no iba aún teniendo alguna molestia y me temía lo peor. La sorpresa fue que estaba casi perfecta, sólo un poco de chapa y pintura en una muela. No os hacéis una idea del peso que me quité de encima.

Nuevo entrenamiento con Agus el miércoles y ¡horror! Me baja la regla. Me repito una y otra vez que no tiene por qué pasar nada, que apenas me ha dolido durante el día. Así que empezamos el rodaje y no duré ni dos kilómetros. Parecía que me rompía por la mitad. Víctor se quedó conmigo a pasar el mal rato. Siempre es igual, 5 o 10 minutos de un dolor horrible, con ganas de vomitar y de llorar de frustración (y de hormonas, pues también). Pero después de eso, puedo volver a correr como si no hubiera pasado nada. ¿Alguien tiene solución a esto? Cuando conseguimos reengancharnos al grupo hicimos ejercicios de fuerza. Menos mal que los hacemos con Agus, si no, no iba a hacer ni uno por mi cuenta. Aún así, había varios que no pude hacer, en cuanto tenían impacto en el pie me daban pinchazos. ¡Vaya, que el miércoles se me dio mal de verdad!

Por si trabajar, y preparar el maratón no fueran suficientes, para esta semana tenía dos tartas que entregar el sábado, de ahí que nuestro plan nocturno de viernes fuera un buen rodaje de 6km y unas cuantas (8, sin ir más lejos) series de 1000. ¡Qué frío tan innecesario! Y yo las tenía que hacer a oscuras porque, para no perder la costumbre, había olvidado cargar el frontal. Menos mal que en ese tramo de la Casa de Campo hay farolas que si no… Fueron duras, más por el frío que por las series en sí mismas. Llegar a casa a las 11 de la noche de entrenar, en invierno, es… maravilloso. ¡Aunque al menos las tartas estaban terminadas a tiempo!
Y domingo, cómo no, tirada larga. Pero eso mejor os lo cuento en otro post, que nos colgamos dorsal.
En total, esta semana han sido 51 km. ¡Seguimos adelante!
¡Gracias por leerme!
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