Carrera Norte vs. Sur 2015

   ¡Ay! No sé ni cuánto tiempo llevo para colgar esta entrada (¡o cualquiera!). Lo peor es que la tengo escrita desde el día después de correrla. Así que no me entretengo más y aquí os dejo mi crónica de la Norte vs Sur.

      SED. Con sólo una palabra me basta para definir toda la carrera del domingo pasado. Y mucho calor, aunque tenía tanta sed que apenas me daba cuenta del calor. Aún así, logré el objetivo que llevo persiguiendo desde mayo, que era bajar de la hora en el 10k. De todos modos tampoco me siento exageradamente orgullosa, ya que tuve que echar a andar en un par de ocasiones.

     Pero empecemos por el principio. La Norte Vs Sur es una carrera muy asequible, con un perfil muy favorable (aunque luego vimos que los “repechitos” eran muy traicioneros). Íbamos a salir mi padre, Víctor y yo cada uno a su ritmo, y mi madre y mi tía, como siempre, inseparables. En cuanto llegamos a Plaza de Castilla nos encontramos con Isa, ¡qué buen rollo da esta muchacha! Así da gusto pegarse el madrugón. Por ahora se me escapan sus ritmos, pero seguro que correremos muchas carreras juntos.

     Según nos acercamos a la linea de salida ya nos encontramos con el primer fallo de organización. ¡No había cajones! Así que como Víctor quería hacer sub40′, nos posicionamos un poco más cerca de lo habitual de la línea de salida, aunque para él no fue suficiente porque tuvo que esquivar a mucha gente. Yo salí muy bien, arrastrada por el buen ritmo y animada porque veía que me adelantaba poca gente, al contrario que en las dos últimas carreras. Iba corriendo muy a gusto, a pesar de que iba a 5’/km, lo que para mí ya suele ser un ritmo demasiado alegre.18843711200_d01b9d0fef_b (2)

     Y a partir del km 3 empezaron los problemas. Empecé a tener muchísima sed, tanto, que al tragar me dolía la garganta. Y por si fuera poco, el desayuno luchaba por hacer acto de presencia. Aún con todo, conseguí llegar hasta el avituallamiento casi sin bajar el ritmo. Se me hicieron eternos los kilómetros hasta alcanzarlo, y en cuanto cogí la botella me tuve que parar para no hacer el sifón con el agua.

     Pensé en ese momento que, ya rehidratada podría volver a meterme de lleno en la carrera y tirar como al principio, pero no podía estar más equivocada. No había hecho ni un km desde el avituallamiento cuando volví a tener la misma sed que justo antes de beber. A partir de ahí empecé a administrar toda la ventaja de tiempo que había conseguido durante la primera mitad de la carrera, que no era poca.

     En algún punto, el recorrido bajaba una calle para volverla a subir (¿eso tiene algún nombre específico?), donde, por lo visto, hubo muchísima gente que hizo trampas. A mí, que la bajada se me estaba haciendo larga, no quería pensar en la subida. Pero más o menos a la mitad de la calle me crucé con mi padre y chocamos los 5, y oye, ¡boost extra! Gracias a eso pude subir la cuesta prácticamente entera. Aunque tuve que andar los últimos 20 metros. Hasta Alcalá pude volver a coger mi ritmo y, aunque iba sufriendo, iba viendo que aún tenía bien agarrado el objetivo. Pero en Alcalá ví que la carrera volvía a bajar para subir otra vez y se me cayó el alma a los pies, en la subida tuve que echar a andar otra vez. ¡Qué enfado! Aún así, seguía teniendo el tiempo bajo control, pero no veía el momento de acabar. Bajando ya el último km (aunque el gps me decía que ya había hecho los 10) no veía el arco de meta y no sabía cuánto más quedaba. Hasta que giré en una curva y allí estaba. De repente lo vi todo rojo y no sé de dónde salieron las fuerzas, pero entré en meta a 4:24, esquivando a un montón de gente en 58:51.

¡MMP!

     Bueno, la palabra “entrar” quizá no se ajuste exactamente. En realidad, me choqué (más bien embestí) a una chica que estaba parada a 30 cm del lector del chip. La fui a llamar la atención por pararse ahí, cuando me dí de bruces (literalmente) con el error más grave de la organización. La chica estaba parada por culpa del tapón que se formó entre la meta y el avituallamiento, pues la cuesta de Moyanos no es lo bastante ancha para soportar 8000 corredores. Con deciros que desde que llegué hasta que conseguí la botella de sopa de Gatorade pasaron diez interminables minutos. Y no es que os vaya ahora a llorar a vosotros, pero juntando el cansancio, la sed, el calor, el mogollón de gente y que fui pasadísima de pulsaciones toda la carrera, pensé que me iba redonda al suelo. Tampoco es que hubiera pasado nada, estábamos tan apelotonados que no me hubiera dado ni para caerme. De todas formas, cualquiera podría haber tenido un susto, con tantísima gente y sin escapatorias. 

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     Pero si eso ya es malo, aún es peor que la organización culpe a los corredores, alegando que el tapón se formó porque nos paramos las 8000 personas a hacernos fotos en la meta. ¡Había tan poco espacio que no daba ni para sacar el móvil! Tan mal me ha sentado la falta de organización y de respeto, que el año que viene me pensaré dos veces si participo. Por cierto, no os pongo fotos mías de la organización, porque no salí en ninguna, y mucho menos en el vídeo de llegada. Aunque Víctor sí que tiene alguna muy chula, pero no son de la organización, sino de algunos fotógrafos que le echan ganas al domingo para darnos ese pedacito de ilusión que nos hace a los corredores vernos en foto. A ellos, ¡gracias!

     Y a vosotros, perdón por tardar tanto, y, como siempre, ¡gracias por leerme!

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