Mi primer 10K: Ponle Freno 2014

     Mi primera carrera desde que empecé a correr en serio hace un par de meses ha traído un montón de sensaciones, entre ellas alegría y orgullo, pero también ver que aún me queda muchísimo camino por delante. Además, a medida que se iba acercando el día de la carrera, iba sintiendo lo mismo que cuando se va a un examen sin llevarlo bien preparado. Sólo había conseguido hacer 10 km en un único entreno y durante estos días, entre hospitales y demás habíamos salido muy poco a rodar. Así que, aunque en el fondo, con acabar la carrera ya me sentiría bastante orgullosa, no dejo de ser como soy, y sabía que, hiciera el tiempo que hiciera, iba a tener la espina de que podría haberlo hecho mejor.

Hasta preparar el dorsal me hizo ilusión.

     La noche antes de la carrera cenamos y dormimos en casa de mis padres, que también participaban en la carrera. Tuvimos una charla bastante interesante acerca de si deberíamos correr juntos (mis padres por un lado y Víctor y yo por otro). Mi padre sostenía que era mejor que cada cual fuese a su ritmo y nosotros, que aunque tiene toda la razón del mundo, por ser la primera carrera, queríamos compartirla juntos. Después de todo, correr se ha convertido en un hobby que ha fortalecido nuestra relación y gracias al cual pasamos más tiempo de calidad juntos. El caso es que al final decidimos que, al menos para esta carrera, cada uno corría con su pareja.

No son horas para un domingo libre que tenemos.

¡Y aún así mira que cara de felicidad!

     El día C tuvimos muchísima suerte, aunque todas las previsiones daban lluvia para el domingo, amanecimos con el cielo relativamente despejado y sin hacer demasiado frío. Tanto es así que hasta dejamos los cortavientos y los guantes en el guardarropa. Por culpa de eso casi no llegamos a la salida, porque había mucha cola para dejar la ropa y para cuando llegamos a la linea de salida ya eran las 9 y estábamos muy atrás. ¡Veinte mil personas ocupan mucho sitio! Cuando dieron la salida pasó lo que pasa siempre, que tú te enteras por los gritos, pero ahí no se mueve nadie. Creo que tardamos algo más de 7 minutos en llegar hasta la linea de salida desde el pistoletazo, y aunque a partir de ahí ya podíamos trotar, íbamos muy despacio esquivando gente y codazos.

Momentos antes de la salida.

     Los primeros tres km fueron muy agradables, viendo a la gente (Víctor haciendo un estudio de mercado), y con un escenario bastante bonito con niebla. Ibamos charlando tranquilamente, aprovechando que era todo cuesta abajo.  A la altura de Cibeles yo me empecé a asustar porque se acercaba Recoletos y la Castellana y yo las recordaba como una subida más empinada, así que nos enchufamos la glucosa que nos habían regalado a unos 500m del avituallamiento.

      Y cómo no, en el avituallamiento yo tenía que liar alguna. Aparte de que me puse de agua hasta las orejas, con los pies empapados, al tirar la botella prácticamente llena casi le doy a la cabeza de un amable señor que me estaba adelantando justo en ese momento. Pero no acaba la broma ahí, mi puntería en ese momento no hizo acto de presencia, con tan mala suerte que la botella golpeó el cubo y salió disparada hacia los corredores que iban en sentido contrario. Ahí ya no quise mirar si había víctimas.

     Cerca del km 7 el trazado giraba 180º y empezaba el descenso. Yo iba super animada, porque se me estaba haciendo muy corta. Además, nos cruzamos con mis padres y nos chocamos las manos. Ya empezamos a adelantar a gente y ver a los lados a algún “apajarado”. No sabía yo que eso podía motivar tanto. Subimos un poquito el ritmo, pero la verdad es que fuimos muy constantes durante toda la carrera. Pero entonces llegó el momento duro de la carrera, del km 9 al 10. Este tramo pillaba toda la calle Alcalá, con túnel incluido, el cual tiene una subida bastante fea. Reconozco que iba asfixiada, y además, las caras que veía alrededor no tenían mejor aspecto. Por suerte iba Víctor a mi lado animándome, y cuidando de que no bajara el ritmo, así que íbamos adelantando a algunos. Cuando llegamos arriba, entrando al Retiro, pude recuperarme un poco para apretar al ver la meta a lo lejos. Quizá empecé a apretar muy pronto, me pudieron las ganas, pero a medio camino ya me iba arrepintiendo del sprint. Pero ver cómo se acerca a cada paso, y ver que vas dejando gente atrás es tan emocionante que da igual.

¡Ahí estamos!

     Y por fin meta. Siendo sincera, no fue tan especial como esperaba. No estaba contenta al 100% con el rendimiento. Es verdad que analizando ahora los tiempos no están mal para lo poco que llevo y en comparación con el otro día que había hecho los 10k, pero en ese momento pensé que si hubiera apretado más al principio, habría acabado mucho mejor. Quizá fui demasiado cómoda, especialmente los primeros 3km, pero es bastante probable que gracias a ello, pude disfrutar a tope del 90% de la carrera (¡menos el km 10!). Mi conclusión es que, aunque me cueste, puedo estar orgullosa, pero aún queda mucho trabajo por hacer, mucho por mejorar, tanto en entrenamiento como en estrategia. En cualquier caso, guardaré por siempre en mi corazoncito esta primera carrera “oficial”.

¿A que no parece que nos acabemos de tragar 10km?

     Sé bien que es “poquita cosa”. Que 9500 personas entraron antes que yo, y eso para un espíritu competitivo como es el mío, es una espinita en el alma. Pero por algo hay que empezar, y lo verdaderamente importante es la actitud que tomas al respecto. Yo tengo muchas ganas de seguir corriendo, de mejorar y de aprender, y de ver hasta donde soy capaz de llegar. Como diría Ajram, “No se dónde está el límite, pero sí dónde no está” y desde luego, aún no lo he encontrado.

     Por último, después de este día tan fantástico debo dar las gracias:

-A todos los que en los días anteriores nos estuvisteis animando, e interesando por lo que íbamos a hacer.

-A la organización de carrera, porque aunque he oído críticas, yo no tengo ninguna queja.

-A mi tía, por estar con nosotros pese a no poder participar, ¡te echamos muchísimo de menos!

-A mi padre, por todos los consejos que nos ha dado.

-A mi madre, porque verla correr hace que me den ganas a mí.

-A ambos, porque sin ellos no hubiéramos podido participar.

-Y por supuesto a Víctor, por haber ido despacito conmigo, para animarme y cuidar de mi, y sobre todo por compartir esto conmigo.

¡¡Yeah!!

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