Corro.

Escribo estas líneas a la una de la noche en la sala de espera de un hospital. Uno de los pocos sitios en el mundo en el que tienes tiempo y espacio para pensar.

La vida a menudo es una mierda. Vas sorteando charcos de barro, pero no siempre puedes esquivarlos. Yo tengo la suerte de que apenas tengo, los que hay son poco profundos, y cada mañana me siento afortunada por ello. Pero hay gente a los que la vida les pone un auténtico barrizal por camino. Y aún así, con las botas hundiéndose en el suelo y con el cansancio en las espaldas, se levanta un día más para seguir adelante. No hay épica en ello, de esa de la que tanto nos gusta presumir a los corredores. Sólo hacen lo que hay que hacer, sin ni siquiera esperar reconocimiento.

¿Y yo? ¿Qué hago yo, mientras? Tengo dos brazos, dos piernas, un corazón que late y un cerebro que funciona con un rendimiento aceptable la mayor parte del tiempo. ¿Y qué hago? Aparte de mirar al enorme vacío que me espera tres meses más allá sin saber qué va a ser de mi… Qué tontería. Es trabajo. Es sólo trabajo. Pero, ¿qué hago?

Corro. Porque lo necesito. Porque hay veces que pensar no es suficiente. O a veces es demasiado. Porque a la vez que fortalezco las piernas se endurece la cabeza y se templa el carácter. Porque si corro lo bastante rápido, podré saltar los charcos de los que hablaba antes. Porque cuando pensaba que no podía correr más descubría que sí. Y entendí que si eso funcionaba corriendo, seguro que funcionaba en la vida. Porque hay gente que no puede, como Ángel no se cansa de repetir. Porque yo sí puedo y casi siento la obligación moral de hacerlo. Porque mis padres siempre han querido para mí que sea feliz, y lo soy, pero es más fácil con una trialera a mis pies en medio de un bosque. Más aún si es cuesta abajo, pero es que la vida ya trae las cuestas arriba de serie.

Correr no es sólo correr. Salvo cuando lo necesitas, que entonces correr es suficiente.

Miedos, dudas y otras pájaras mentales.

El título es este porque parece que si corres un maratón (y más si es el primero), tienes que sentirte así. Y la verdad es que, a 6 días del día M, estoy un poquito decepcionada. Aunque no dejo de pensar en ella, no hay nervios, ni histeria ni preocupaciones. Dolores que no haya tenido antes sí, eso se ha cumplido. Y la última tirada larga ha costado más de la cuenta.

Sigue leyendo

Maratón: Semana 8

¡Hola! Hoy os cuento la que para mí ha sido hasta ahora la semana más importante en el camino al maratón. Y curiosamente, también es la que menos km y veces hemos salido. El lunes y martes decidimos darnos un descanso, ya que la tirada larga a horas tan intempestivas nos había dejado machacados. Además, Víctor ha tenido mucho jaleo en el curro, y se ha terminado trayendo trabajo a casa. Vaya, que tan importante es tener la disciplina para salir cuando no te apetece, como tener la cabeza para decir “hoy no”.

Sigue leyendo

Maratón: semana 7

¡Si es que no queda nada! Un mes, que viendo lo rápido que se me están pasando estos casi dos que llevamos, hace que se me pongan los pelos de punta. Pero bueno, los entrenamientos van saliendo, estamos cumpliendo y, aunque sé que la maratón puede no ser justa (muchas veces no lo es), espero poder llegar al 23 de abril pudiendo decir que he hecho todo lo posible por conseguirlo.

Sigue leyendo